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Ya se acerca el final

VI Domingo de Pascua C (Jn 14,23-29)

Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí.


Reflexión

Ya se acerca el final. Estamos a pocos días de terminar el período pascual. Para los apóstoles, eran los últimos momentos que pasaban con Jesús aquí en la tierra… o al menos eso creían ellos. Por eso la Iglesia nos propone estos evangelios. Son las últimas palabras de Jesús antes de entregar su vida por nosotros en la cruz. Y en todo el discurso final, resaltan tres ideas: el miedo, su compañía y el Padre.

Ante todo, nos repite una y otra vez, de mil maneras, que no temamos, que no tengamos miedo, que no se turbe nuestro corazón. Al “perderlo” a Él, podríamos de inmediato caer en la desesperación. Pero no: ¡no hay que tener miedo!

¿Por qué? Porque Él, Jesucristo, se ha comprometido a una cosa: estar con nosotros hasta el fin del mundo. Sí, ahora se va, pero vuelve… no nos piensa dejar solos. Él sabe que sin Él no podemos nada. Por eso se queda con nosotros: porque nos ama.

Además, no viene solo: trae buena compañía. Nos va a mandar al Espíritu Santo para que nos explique todo. Y también el Padre vendrá a habitar en nuestro corazón… ¡y “el Padre es mayor” que Jesús! Jesús se va por un momento y nos sacamos la lotería: ¡toda la Trinidad se vino a vivir con nosotros!

Por eso, no tengamos miedo. Si nos tienta el temor, recordemos que Jesús siempre estará con nosotros, hasta el final. Y no está sólo Él: se trajo a toda la Trinidad y a toda la corte celesta para hacernos buena compañía, para traernos un poquito del cielo aquí a la tierra.

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