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El cristianismo es Cristo

III Domingo Ordinario C (Lc 1,1.4;4,14-21)

“Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».”


Reflexión

Los judíos y los musulmanes nos critican por ser demasiado “light” y nos seguir cada ley o regla de la Biblia. Otros cristianos dicen que los católicos somos demasiado rígidos con nuestras reglas. Pero el Papa Francisco nos dio la clave este jueves: “El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que me reclama y me pide su amor: el cristianismo es Cristo.” (JMJ 2019, Panamá)

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona (¡Cristo!), que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (Deus charitas est1) Con estas palabras, el Papa Benedicto XVI abre su encíclica sobre el amor. Nosotros no seguimos un libro, un set de reglas, un programa prefijado… ¡Nosotros seguimos a una Persona, a Cristo Jesús!

Él “me amó y se entregó por mí.” (Gal 2,20) “Él, Cristo, me ha seducido y yo me dejé seducir.” (cf. Jer 20,7) Ha derramado su sangre por mí, hasta la última gota. Y ahora se encuentra en el cielo, preparándome un lugar en su casa… y aquí en la tierra, escondido en un pedacito de pan. ¿Quién me ha amado así? ¿Quién más se preocupa tanto de mí? ¿A quién más le debo tanto como a Dios?

Pero Jesús no pasa con la factura a cobrar. Él da y sigue dando. Él extiende la mano: no para pedir, sino para invitar a más. Después de todo lo que nos ha dado, después de tanto amor… ¡Seríamos unos verdaderos tontos si sólo pensáramos en normas y no en la Persona, en el Amor, en Cristo que “me amó hasta el extremo”! (Jn 13,1)

Foto: @luisrodriguezlc

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