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Cuaresma: tiempo de esperanza

Miércoles de Ceniza (Mt 6,1-6.16-18)

“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.”


Reflexión

Me encantó el mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma. Todo gira alrededor de la esperanza y de la redención. Porque eso es lo que le pedimos al Señor en este período litúrgico: que nos conceda anhelar la solemnidad de la Pascua (Prefacio I de Cuaresma). Pero no anhelamos el domingo de Resurrección para librarnos de los ayunos y sacrificios que implica la Cuaresma, sino porque en ese día, ese gran domingo, hacemos memoria del misterio de nuestra salvación: porque ya fuimos redimidos por Cristo y vivimos en la esperanza de recibir el premio final en el cielo. (Rom 8,24)

El Papa, en esta Cuaresma, nos invita a vivir la esperanza de la redención. Po eso, es importante considerar el efecto positivo o negativo de nuestras acciones. Cristo nos ha llamado a colaborar con Él en la redención de la creación (Col 1,24).

1) La redención de toda la creación

En primer lugar, cada una de nuestras acciones puede colaborar a redimir a mis hermanos los hombres y al resto de la creación. Si vivo según su voluntad, si vivo en comunión con Dios, el Amor puede fluir a través de mí hacia todo lo creado que encuentro en mi camino. Por eso dice san Pablo que “la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rom 8,19).

2) El poder destructor del pecado

Luego, en segundo lugar, podemos decir también lo contrario: el pecado, como rechazo de Dios, como abandono de la ley del amor, tiene un poder destructivo. A veces caemos en la tentación de decir que “no le he hecho mal a nadie” o que “nadie se va a enterar”. Pero no importa que nadie me haya visto: cada pecado contribuye a aumentar el egoísmo y el maltrato, la explotación, de la creación, en especial de los hombres, mis hermanos.

3) Perdón y misericordia

Por último, no podemos jamás olvidar el sentido de la Cuaresma. No hacemos sacrificios y ayunos porque es divertido ni por la emoción de cumplir un challenge. Todo el período de Cuaresma está envuelto en una ambiente de perdón y misericordia. Dios nos ha amado hasta el extremo y quiere tener misericordia con nosotros. Nos toca ahora preparar nuestro corazón y ponernos en camino para recibir este don del perdón.

Aprovechemos este tiempo de Cuaresma para vivir en sentido de peregrinación: con la esperanza de llegar a la meta final, al abrazo eterno con el Padre. Que en estas semanas que siguen podamos ir cambiando nuestra actitud, enfocando nuestro corazón. Porque la creación entera nos necesita santos y resucitados con Cristo.

Foto y video: @LuisRodriguezLC

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