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Ámense unos a otros

abrazo

V Domingo de Pascua C (Jn 13,31-35)

Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy no podéis venir vosotros». Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».


Reflexión

Me sorprende que para ciertas cosas seamos tan extremistas. Por ejemplo, en política, sos izquierda o derecha, liberal o conservador… en fut, ser Barça implica ser anti-Madrid… Y lo mismo nos pasa con el “amor“. Para unos, es sólo una reacción carnal que hay que aprovechar y disfrutar; para otros, es algo cursi que sólo existe en los libros y en las películas… pero se nos olvida que el mundo no está hecho en blanco y negro: ¡el mundo está pintado a todo color!

A veces, nosotros mismos abusamos de esta palabra: amor… “Yo amo salir a correr… Amo las películas… Te amo (dicho al perrito de la casa con ese tonito)”… Pero muchas otras, la omitimos cuando deberíamos poder usarla: con nuestros papás que nos han dado todo, con nuestros hermanos que siempre están allí por nosotros, con un amigo en un momento de necesidad. ¿Por qué somos tan radicalmente dobles en el amor? ¿Por qué le damos dos valores tan opuestos: o el aprecio más profundo por alguien o una palabra e relleno para que suene bonito cuando no sé qué decir?

Por eso, me impresiona tanto este pasaje del Evangelio. Jesús no nos dice que amemos cosas ni que sólo podemos amar a una persona en la vida… Jesús nos dejó un  mandamiento nuevo: “ámense unos a otros”… ¡Ámense todos! ¡Ámense de verdad! ¡Ámense sin miedo ni complicaciones! Porque el amor no es sentir maripositas en el estómago o estar tan ido que ni me entero… El amor es vivir para los demás, es dar la propia vida para que el otro viva, para que viva bien… para que viva no sólo aquí en la tierra, sino, sobre todo, en el cielo, por los siglos de los siglos.

Amen. (Así, sin acento…)

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