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Sed infinita

Fuente

Pentecostés C (Jn 7,37-39)

«El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas manarán ríos de agua viva”».

Dijo esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.»


Reflexión

«El hombre tiene sed, ¿cómo no va a excavar allí donde piensa que encontrará agua? «

Liturgia Fontal, Jean Corbon

Quien ha participado en alguno de los retiros de la preparación para la Confirmación que he predicado, sabe que me fascina hablar de un religioso francés y su visión de la vida espiritual: Jean Corbon. Él redactó, en gran medida, la cuarta parte del Catecismo de la Iglesia Católica, sobre la oración del Padre Nuestro. Pero su obra principal es otro libro, titulado Liturgia Fontal. En este libro, él describe al hombre como un «excavador de pozos».

Nosotros tenemos sed y andamos en busca de agua. Por eso, empezamos a excavar pozos por todas partes. Con frecuencia encontramos agua por aquí y por allá: los estudios, el trabajos, el dinero, las fiestas, el alcohol, las drogas, el sexo… Hay todo tipo de agua. Y cada gotita nos refresca un poco, pero nunca es suficiente para quitarnos la sed. De hecho, muchos de esos pozos sólo nos dejan más sedientos y necesitados de agua.

La razón de esto es muy sencilla. Nuestra sed no es una sed cualquiera: es una sed infinita. Y todos esos pozos tienen agua limitada, que se acaba. Esos pozos, tarde o temprano, se secan. Pero hay un pozo diferente, un pozo con Agua Infinita. Ese es el pozo de Dios. Ese es el pozo que hemos andado buscando toda nuestra vida. Ese es el único pozo que va a saciar nuestra sed.

Hoy, en este domingo de Pentecostés, Jesús nos está abriendo las puertas del pozo celestial. Él nos está mandando el «Agua que da la vida». Jesús supo en la cruz lo que significa tener sed, lo que significa no sentir a Dios… y Él no quiere que jamás sintamos nosotros lo mismo. Por eso, nos manda al Espíritu Santo.  ¿Estoy listo para beber del pozo de la vida? ¿Estoy listo para llenarme de esta fuente infinita? ¿O sigo con ganas de andar por el mundo, rascándole a la tierra, para encontrar tres gotitas de agua que no sirven de nada?

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